lunes, 31 de enero de 2011

Palabras de hiel

Quiero un buen cuchillo;
uno grande y bien afilado,
para cortar las burdas mentiras
a las que se me ha encadenado.

Quiero esgrimirlo en mi mano;
alzarla lo que mi cuerpo permita,
y de un solo golpe certero,
partir en dos mi pena maldita.

Quiero notar su fría hoja
cortando el aire que respiro,
apartando de él el veneno
que lentamente me ha vencido.

Quiero romper la cuchilla,
como si de un papel se tratara,
para ver si con ello consigo
la paz que ansía mi alma.

Los androides no sueñan con obejas eléctricas

Lunes. Otro. El quinto del año.

Sin ganas de trabajar.

Pero con la cabeza debidamente amueblada,... o ni eso:


Por cierto, gran libro de Philip K. Dick, gran peli de Ridley Scott y gran B.S.O. de Vangelis que me está abduciendo ahora mismo,...

viernes, 28 de enero de 2011

Me aburro, si quiero

Hoy alguien me ha dicho: “El aburrimiento no existe... creo...”

Y aunque le hubiera contestado a botepronto: “... cuánto envidio tu riqueza personal ...”. La verdad es que opino que tiene razón.

Opino que me he precipitado al decir ‘me aburro’.

Opino que yo también soy capaz de entretenerme con otras tantas cosas si un plan A me falla. Mi abecedario personal de posibilidades de entretenimiento va mucho más allá de la Z.

Opino que soy una mente inquieta capaz de divertirse de muy diversas maneras.

Podría salir a pasear un rato. Me gusta pasear de noche. Me gusta pasear sola. Además, tengo rincones cerca de casa que me dan paz. Tengo suerte.

También podría leer el libro que tengo a medias. O el 4º libro del cómic del Witchblade que me compré el otro día.

Podría dibujar. Me gusta dibujar. No se me da mal. Hace tiempo que no lo hago. Hace tiempo que quiero retomarlo. Hace mucho tiempo.

Podría quedarme horas mirando la lluvia caer por mi ventana. Viendo los coches pasar. Las luces difusas de los semáforos. La hojas de los árboles bailando al son de la tormenta.

Podría, simplemente, pasarme las horas pensando,...

Pero he preferido escribir esto. Me ha apetecido más. Bien acompañada por mi música, una copita de un buen vermouth y una vela. Me gusta estar en penumbra. Me relaja.


 Y no me estoy aburriendo.

Gracias por recordármelo.

De retratos y verdades

Leyendo este post de Insanus sobre el mal uso (y abuso) del Photoshop - ya no para amputar manos o pies accidentalmente, sino para extraer la esencia de lo humano y lo divino que puede transmitir un buen retrato para convertirlo en algo irreal que no da ni frío ni calor - me han venido a la cabeza todas esas imperfecciones que nos quedan tan bien porque nos hacen ser nosotros mismos. Bellos tal cuál.

Y he recordado un par de esos ‘famosos fetiche’ que tenemos todos y sobre los cuales me apetece mostraros mi propio punto de vista, así que ahí va:

Mi querido Johnny, 
en este retrato estás,…¡¡¡raro!!! 
¿Tus ojos se difuminan?
¿Tu cara es más lisa que el satén?
¿No tienes un solo pelo de macho?
¡Vas mejor depilado que yo!


Pero, ah, no,… por suerte,
sigues siendo ese tipejo que va de duro,
un tanto desatroso, con gafas y arrugas,
que la edad es lo que tiene :



Menosmal.

Y ahora, mi querida asesina nata,
Juliette, mmm,
esa mezcla de,... ¿maniquí? ¿Barbie?
Sin una sola peca y con los labios
requetehinchados, casi dando grima.
¿Tía, pero qué te han hecho?:

Gracias a DIOR que hay millones de fotos tuyas en plan
macarrilla hortera, descuidada, flacucha y un punto basta
que tanto morbo dan. Así, malota y peligrosa:



Eres mi chica preferida. Brutal. ¡Seh, nena!


En fin, que, al natural, todo mola más. Mucho más. Tal cuál.

Benditas y perfectas imperfecciones. Deliciosas.

Al menos para mí.


jueves, 27 de enero de 2011

Coacción

No se me puede poner entre la espada y la pared,...


... porque siempre elijo muerte para mi contrincante.

Mis 2 pies izquierdos

08:39h Abro un ojo. ¡Mierda! Vuelvo a llegar tarde al trabajo. No es justo. No lo hago queriendo. Ayer no hice nada en especial hasta las tantas de la madrugada. No lo entiendo.

Ya estoy de mala leche.

Resignada, me hago el cortado, me ducho, me lo bebo mientras me seco el pelo y me visto. He llegado a la oficina a las 09:56h. Y es la 4ª vez este mes. Ale, ya tengo puro asegurado.

Pasan los minutos, las horas. A eso de las 12 me apetece airearme y tomarme un cafetito en el bar de abajo.

Cojo la chaqueta, bajo en el ascensor y en la puerta me enciendo un cigarro. Últimamente fumo menos. Esto de tener que pelarme de frío no va conmigo.

Está lloviendo. Estupendo. No llevo el equipo de lluvia de la moto. Claro, con las prisas, no he mirado ‘El Temps’ por la mañana. Fantástico. Hoy me mojo.

Dejo la mente en blanco. Contemplo a mi niña aparcada delante. Espléndida. Las gotas de lluvia se deslizan suavemente por su lomo negro mate. Otras, la van salpicando al caer de las ramas de los árboles y se deslizan juguetonas hasta amontonarse en el sillín. Me encanta contemplarla.

Un taxi ha parado en medio del carril izquierdo (¿para qué sirven los chaflanes?) y un anciano pretende salir – a su hipo velocidad habitual, claro - por la puerta de la derecha (cómo no, si los yayos de Barcelona son indestructibles y pueden cruzar la calle sin mirar e incluso en rojo, ¿qué pasa? Ellos enseñaron a Chuck Norris todo lo que sabe.)

Y empiezan a sonar tropo cientos cláxones a la vez. Obvio. Seguro que el anciano no entiende porqué pitan. Apuesto a que no cree que vaya con él el tema. ¡Ay, esta juventud de hoy en día, que se exaltan con nada! Yo, no los atropello porque solo valen 10 puntos por la poca agilidad que tienen para esquivarte. Los pijo-teens despistados con gadgeto-móviles molan más. Y por los ciclistas tienes bonus.

Me sobresalto y reacciono. Me había quedado embelesada mirando caer la lluvia sobre mi niña. Pensando en una conversación que no quiero tener y en un mail que me hace una pregunta que no quiero contestar. Hoy no me apetece pensar, ni hablar. Hoy quiero hacer algo superficial y vulgar, como la canción. Vamos, que no tengo el chichi pa farolillos.

A lo que iba (es que me disperso): vuelvo a mí de mi auto abducción al más allá. Entro en el bar y me tomo el café. Pago - qué maja que soy - y vuelvo a la oficina.

Me llaman al móvil personal: es la Administradora de la finca donde vivo (es que, este año, vuelvo a ser la Ilustrisisisisísima Presidenta, hip, hip, hurra). 

El problemón: la peluquería de los bajos tiene humedades que 'intuyen' que vienen de los bajantes de las cocinas de mi lado. 

La solución: buscar un día entero para quedarme en casa y que vengan a picar todas las cocinas para descubrir dónde coño está la fuga. 

Vamos, les metía yo sus intuiciones por el ojo que todo lo ve. Al mogollón. Sin avisar. De golpe. Con saña.

Demostrado empíricamente: lo de “siempre llueve sobre mojado” es terriblemente cierto. 
  
En mi cabeza empiezo a rezar para que la encuentren en el entresuelo, pero me da que no va a ser así. Y encima tendré que recuperar a base de horas extras ese día que no vaya a trabajar. Cómo mola. Lo que me faltaba. 

Total, que hoy debo tener los 2 putos pies izquierdos y al levantarme de un salto la he cagado, y de qué manera. Y sólo son las 12.

¿Alguien tiene un teletransportador que me pueda dejar en ‘Atomar Porculo’ cerquita de ‘Hastalo Sovarios’, por favor? 


miércoles, 26 de enero de 2011

Culpable

Vale.

Soy culpable de ser mujer. Y me gusta. Y lo exploto, disfruto y maldigo a partes iguales. Depende del día del mes.

Soy culpable de reclamar mis momentos de soledad. Sin que nadie me moleste. Para mí,  conmigo misma. De private party con todos mis yos. Menuda fiesta.

Soy culpable de querer escapar hacia ningún lugar. Solo a veces. - Un billete de ida a Nunca Jamás, por favor. 

Soy culpable de evitar los domingos de zafarrancho de limpieza en casa. Para eso me gasto el dinero en que otra persona me haga ese grandísimo favor. La mejor inversión de mi vida.

Soy culpable por haber creído en los cuentos de hadas demasiado tiempo. Suerte que la vida ya me ha contado la verdad y ahora,…os veo. Aunque en ocasiones también veo muertos, en The Walking Dead.

Soy culpable de dar consejos que ni yo misma sigo. A veces lo intento. Solo a veces. Pero, normalmente, no lo consigo.

Soy culpable de haber llorado por una cebolla que no merecía la pena. Y por una persona también. Pero entonces no tiene gracia.

Soy culpable de ser Aries, el octavo pasajero. De libro. Enciclopedia, mejor. No nos entiendo ni yo.

Soy culpable de haber hecho o dicho algo y arrepentirme después. Sobretodo aquello de ‘¿A que no hay huevos?’. Porque siempre pringo yo también.

Soy culpable de haberme emborrachado tanto que al día siguiente creía que me moría. Pero menudas noches de locura. No las cambio. Al menos las que recuerdo.

Soy culpable por haber llorado con La Princesa Prometida. Y de haberla visto hasta saberme los diálogos. - Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, ahora, prepárate a morir.

Soy culpable de haberme homenajeado con el autoregalo más caro que me he podido permitir. Porque yo lo valgo, como el champú. Y porque sino, nadie me lo iba a regalar. Eso también.

Soy culpable de tener sueños prohibidos y deseos inconfesables. Y de intentar cumplirlos. Sino, ¿de qué me sirven? Suerte que la mente no tiene censura.

Soy culpable por codiciar aquél vestido tan bonito de Max Mara que nunca me pude comprar. Pero que una amiga sí, y encima le quedaba bien. Con 2 tallas menos.

Soy culpable de ser un auténtico desastre en mis relaciones personales. Así me va. Master del Universo en frases como ‘no eres tú, soy yo’ o ‘es que estoy en un momento de mi vida que blablabla’. Si tenéis dudas, me las sé todas. O las he vomitado o me las he comido. Sin patatas. A palo seco.

Soy culpable por no contestar al teléfono cuando no me apetece. Que el puto cacharro sea 'móvil' no significa que yo sea 'localizable'. Para eso existen los sms. Asíncronos.

Soy culpable de haber mentido sobre mi edad, mi peso, mi nombre y mi vida cuando lo he creído conveniente. Que para eso son mis cosas. Y mido 1,65. Redondeando, claro.

Soy culpable por envidiar a las chicas que se levantan guapas con la cara lavada. A mí se me hinchan los ojos.

Soy culpable por ser perezosa los lunes. Y los martes. Y los miércoles,… Vamos, los días laborables, básicamente. Excepto festivos y vísperas de festivos.

Soy culpable por querer ser más lista y dominar el mundo. Ñeñeñe.


Soy culpable de haber madurado y no sentirme culpable ya por casi nada. Volvería a equivocarme. Tengo la conciencia blanca inmaculada, lavada con Ariel. A lo hecho, pecho. Y, en mi caso, 2.

Cierto. 
Mea culpa. 
De todas, todas. 



martes, 25 de enero de 2011

Duda metafísica y cuántica

Dudo entre decir:

Hace un frío del carajo.

Hace un frío de la leche.

Hace un frío que pela.

Hace un frío que te cagas.

Hace un frío que meo cubitos.

Hace un frío que ni en casa del Yeti.

Hace un frío que ni de romería en la Antártida.

Hace un frío que ni en tó lo negro de la Mairena.

Hace un frío que mis pezones cortan más que una Gillette.

o

Hace un frío que,... patada en los cojones.

¡Joder!

¡Que aparezcan mis peúcos!

Notición

Increíble noticia de relleno en La Vanguardia de hoy : ¡El Papa no usa ordenador!



Y Machete no envía mensajes,... Machete improvisa.

lunes, 24 de enero de 2011

El baile de las centáurides

La noche era fría. Le flaqueaban las fuerzas tras haber caminado 3 días y 3 noches por aquél bosque sombrío.

Sus pies, entumecidos, por el manto de moho permanente, casi eterno, que cubría el suelo, ya no le respondían.  Sus manos heladas y repletas de heridas ya no atinaban a apartar más ramas espinosas.

El miedo había desaparecido. Sólo sentía dolor. Un dolor intenso en cada centímetro de su cuerpo. Tan fuerte que empezaba a desear morir antes que seguir aguantando aquello. Pero tenía que seguir. Tenía que huir.

Sus sufridas piernas arrastraban a los pies, dormidos, a través de toda aquella maleza helada. Las gotas de rocío formaban afiladas estalactitas en las hojas de los árboles. Los arbustos le ofrecían orgullosos sus cortantes y finas hojas. Y él estaba sucumbiendo a la tortura de ese paisaje tan bello como cruel.

Debo seguir,… – repetía una y otra vez en su debilitada mente – debo seguir,… ¡debo seguir!

Sus oídos ya no advertían los peligros. Sus ojos ya no vislumbraban los obstáculos. Pero continuaba avanzando lastimosamente, paso a paso, dolor a dolor, sufrimiento a sufrimiento.

Y cayó. Exhausto.

Solo es un momento – se engañaba – necesito un instante para seguir,…

Y sus ojos se cerraron.

Una suave voz de  mujer le susurró algo al oído. Pero él no entendió las palabras. Se creía soñando. Y la voz se hizo más real. Ininteligible pero cercana, cálida.

Y, de un sobresalto, él despertó de su letargo momentáneo. Mirando a lado y lado, buscándola. Necesitándola. Pero ella ya no estaba. Aunque se oía su voz alejándose.

Y él corrió. Corrió como no lo había hecho en su vida. Buscándola. Ya no sentía dolor. Solamente la quería a ella. La deseaba.

¡Más deprisa, más deprisa! – se exigía más allá de sus fuerzas.

El último rosal le cortó la mejilla, pero no importaba, allí estaba ella, en el estanque, bebiendo del agua cristalina que brotaba de una pequeña cascada. Preciosa. Perfecta.

Él se acercó sigilosamente. Se miraron. Un instante. Silencio.

Y ella echó a correr. Y él la persiguió. Y corrieron hasta el agotamiento. Unidos pero al mismo tiempo separados.

El único claro del bosque estaba justo enfrente. Ella estaba allí mismo, enfrente, inmóvil. Lucía espléndida a la luz de la luna. Majestuosa.

Acércate - le dijo con una voz dulce como nunca antes él había oído.

Dos pasos más, solo dos pasos más – ordenó a su maltrecho cuerpo.

Y allí delante ella se mostró. Desnuda. Con su salvaje cabellera mecida por la suave brisa que azotaba las ramas. Con su hermoso torso de mujer al descubierto. Con su señorial pose equina zarandeando la cola elegantemente de un lado a otro.

Y bailó para él. Sólo para él. Sus gráciles pechos se movían con el delicado vaivén del contorneo de sus brazos. Su lomo se contraía de forma suave. Parecía acariciar el aire.

Era una locura contemplarla. Aquella danza hipnótica lo tuvo embelesado un tiempo que no supo calibrar. 

De las sombras emergieron otras siluetas bailarinas. Casi igual de perfectas que ella. Casi.

Sus sonidos, sus jadeos, sus cabellos, sus brazos, sus patas, sus pechos, sus colas,… Todo parecía entrelazarse alrededor en una danza macabra imposible de ignorar. Cada vez más frenética.

Y él ya no tenía frío. Ni sentía ningún dolor.

Y suspiró.

Y con ese suspiro supo que aquello no era real, que todavía yacía en el suelo del bosque, a los pies de un maldito árbol cualquiera. Que solamente había sido un sueño,… su último sueño.

Y se rindió.

K.I.T.

KIT podría ser:




¿el Pontiac Firebird tuneado de Michael Knight?






o bien




¿la 1a parte contratante para hacer un break?






o bien




¿una colección de cachibaches para sobrevivir a un ataque zombie?







o bien




¿un simple 'keep in touch'?









En cualquier caso, nunca carece de sentido.

viernes, 21 de enero de 2011

Como desees

Dime lo que quieres y cómo lo quieres.
Seré tu esclava, si así lo imaginas.
O, si lo prefieres, tu reina por un día.
Dime tú, lo que pasa por tu mente.
Haré lo que tú me digas.

¿Quieres que te lama el zapato?
¿Te gusta que te azote en el culo?
¿O prefieres las cuerdas?
¿Sabes cómo luce un cuerpo suspendido?
Haré lo que tú me digas.

¿Quieres verme bien?
¿Enciendo la luz?
¿O disfrutamos del anonimato en la oscuridad?
¿Te gusta jugar?
Haré lo que tú me digas.

Puedo convertirme en tu enfermera.
O en una bonita y traviesa colegiala.
¿Te gustan las perversiones?
Cuéntamelas. Puedo ayudarte.
Haré lo que tú me digas.

Quizás te gusta que te traten mal.
Puedo ser una malvada y vil madrastra.
Tengo insultos que susurrarte al oido.
¿O acaso te gustan aulladoras?
Haré lo que tú me digas.

Puedo ser tu pornostar particular.
Siempre a tus órdenes.
¿Te pone el riesgo?
¿Te apetece ir a algún sitio escandaloso?
Haré lo que tú me digas.

Y ahora, dime: ¿me deseas?



Pues págame primero.

jueves, 20 de enero de 2011

Cabeza de chorlito


El Sr. Sapo (por sus ojos saltones) encorsetado en un traje de verano en pleno invierno – bien - introduce el tema: que si todo va bien, que si es gracias al esfuerzo de todos nosotros, que si blablabla.

Mientras, los oyentes pensamos al unísono “pues yo no me he enterado de nada en la subida de sueldo”.  Aunque, me da a mí, que a éste lo que piense el vulgo se la trae al pairo. Viviendo en el despacho de Dios, debe ser él. Digo yo. Ajeno a lo terrenal.

[Qué pena no poder transmitir telepáticamente las ideas ni expulsar rayos AlfaBetaGammaCatódicosApostódicosYRomanos, además de mortales, por los ojos.]

Cuando acaba sus elocuentes frases inconexas en un castellano lamentable, falto de vocabulario y repleto de catalanadas mal traducidas, entra en escena el Sr. Gafitas Estirado.

El susodicho espécimen subhumano, vestido de pingüino, me está mirando. Estoy en la esquina de la segunda fila. No quiero perderme detalle.

¿Lo de este tío es normal? – me pregunto mentalmente mientras intento no cambiar mi expresión facial.

Está soltando un rollo que no se lo cree ni él ni nadie. Pero lo está soltando de todos modos. ¿Lo habrá ensayado con el espejo? – sigo con mi tanda de cuestiones cuestionables interiormente interiorizadas.

[Increíbleble.]

El personaje se pone de pie y comienza a caminar de un lado a otro de la sala, contando esa milonga que pretende que nos traguemos.

Digo yo, que luego vendrá el rollo de las cigüeñas también. Me subleva que me traten como si fuera idiota. Y éste recauchutado en un traje de Armani lo está haciendo.

Además, como que es SuperMasterDelUniverso, no puedo interrumpirlo para mandarlo a hacer fotocopias – suponiendo que supiera - y que deje de decir sandeces de una vez.

Tengo miedo de pegar el cante porque creo que se me van a caer las orejas ante tanta mentira junta. Estoy sufriendo en silencio, como las almorranas.

[Me aburrooooo. ¿Falta mucho?]

Entre tanto despropósito, he apuntado algo en mi libreta, subrayado, con asteriscos y entre exclamaciones. Porque me parece una auténtica aberración lo que está diciendo y me ha llamado la atención. Merece la pena anotarlo para poderlo recordar después.

Y sigue hablando. Pero ya no escucho. Hace rato que estoy imaginando formas de matarlo.

Llega el momento de ‘Ruegos y preguntas’. Yo rogaría que me dejaran de tratar como si fuera gilipollas y preguntaría "Disculpe, ¿usted le sopla al gazpacho, verdad?" (es que soy muy educada, cuando quiero).

Pero me callo. Aprieto los dientes y sigo sufriendo en silencio. No vaya a ser que abra la boca y me cuente una de indios y vaqueros, otra vez.

Como que nunca nadie dice nada, nos echan elegantemente de la sala con un ‘pues podemos dar por concluida esta sesión’. ¡Qué sublime educación y savoir faire! Faltaría plus.

Por fin.

[¿Cuánto debe cobrar?]

Joder, tengo que dejar de ir a estas reuniones de borregos.

Me agrian la leche.


miércoles, 19 de enero de 2011

22:21h - cinco sentidos

Vista

Noche. Oscura.

Luna llena. Brillante.

Gusto

Hambre. Insaciable.

Sangre. Ardiente.

Sed. Mucha sed.

Olfato

Sudor. Sensual.

Miedo. Excitante.

Tacto

Piel. Suave. Caliente.

Cuello. Palpitante.

Oído

Murmullos. Silencio.

Respiración. Acelerada.


Temor.

Descontrol.

Dolor.

Liberación.



Quizás hoy no durmáis sol@s,...

Anuncio: se alquila corazón


Dedicado a mis amig@s incomprensiblemente solter@s: 
qué difícil es encontrar buen@s inquilin@s hoy en día,...

lunes, 17 de enero de 2011

Absurdo

¿Por qué?
¿Por qué no? ¿Por qué sí?
¿Tal vez? Ojalá.
Pero creo que no.
Lástima.
Y.
O no.
Yo sigo escribiendo.
Sin pensar. Intentando no soltar ninguna locura.
Siempre me ha resultado complicado controlar algunas cosas.
Como ahora. Pero creo que voy a poder hacerlo. Difícil. 
Tenerlo en la punta de la lengua y no soltarlo.
Escribir sin decir nada es complicado.
Me hierve la sangre.
Lo noto. Dentro.
Pero me callo.
Vale.
Y.
O no.
Continúo con esta absurdez.
Completamente ida. Sin control. Absolutely.
No puedo parar. No quiero parar. ¿Tú me pararías?
Sé que no. Lo sé yo. Lo sabes tú. Nunca lo haces.
Entonces, mejor nos quedamos en silencio.
Shhhhh. En fin. Menuda tontería.
Total, para nada. ¿No?
O para todo. ¿Sí?
He dicho. 
Hoy.
Y.


O no.


Mus o no mus


Deshojar una margarita nunca fue tan complicado.

sábado, 15 de enero de 2011

Dona cançó

A la de buenas otra vez, últimamente estoy muy prolífica en esto de postear, lo sé. Es que llevo una temporada un pelín aburrida en general y, quieras que no, esto del blog me ayuda a entretenerme bastante. No sólo por lo que yo pueda publicar, sino porque he descubierto rincones de otras personas que me dan qué pensar o me hacen reír. Y eso es buenooooo ;)

A lo que iba: ayer por la noche, un amigo mío tocaba el bajo con un grupo en un local y yo y el resto de la panda, los habituales, nos arrejuntamos para ir a disfrutar de un poquito de música en directo. Y así fue. Me encantó.

El tema es que no era un bolo aislado del cuarteto en el que está mi colega, sino que las actuaciones que vi ayer (5 en total porque se colaron unos espontáneos – 'La hermana pequeña' se llaman - que estaban en el local tomando una copa y se animaron; además, lo bordaron) forman parte de un proyecto denominado Dona Cançó (Mujer Canción, para los no polacos).



En el show de ayer, tocaron:
-          Kel: una chica rubita, con dos coletas. Guitarra en mano y una voz fina, con una versión final de Time After Time muy bonita.
-          Helena Belmonte ‘cuartet’ (aquí estaba mi amigo): guitarra + bajo + eléctrica + batería. Su canción CIANUR, es-pec-ta-cu-lar.
-          Alicia Martel (y su estrambótica guitarra eléctrica): no words. Hay que escucharla y verla, porque además lo vive. Tremenda.

Total, que además de las actuaciones, había una ¿presentadora? (es que ella se autodenominó algo así como ‘poemapoadora’, si no recuerdo mal semejante palabro) que, entre actuación y actuación, salía con sus fichas a modo de chuletilla y se cascaba alguna cosa graciosa/ingeniosa para introducir la siguiente parte del show.

Pues en una de estas intervenciones, entre lo humano y lo divino, tipo monólogo, soltó un poema (larguísimo, por cierto) sobre los tipos de amor, y me partí la caja. Realmente muy bueno.

Me ha sido imposible recuperarlo de internet pero recuerdo algún fragmento para que os hagáis una idea:

Existe el amor LSD, que es aquél en que por la noche lo flipas, pero a la mañana siguiente dices: ¡coño! Cómo se me fue la olla ayer.
O el amor Frankenstein, que cuantos más parches le pones, más monstruoso se vuelve.
Existen amores especiales de cojones: que si no me gusta esto, que si cari aquello tampoco,…
O amores obsesivos y amores que te obsesionan.
Amores perdidos y amores que te pierden.
Amores platónicos y amores de tirarse los platos a la cabeza.

Y ahora es cuando lamento no tener un aifon o similar para haberlo grabado y reírme una y otra vez con el texto íntegro (y la acertada representación, hay que decirlo). Snif, snif.

En conclusión, una velada muy recomendable. Gracias chicas. Repetiré.

viernes, 14 de enero de 2011

Pues vale

Viernes. Día tranquilo. Poco curro.

Me salto el firewall nuevo de los chicos de Sistemas para poder entrar al webmail, redes sociales y al blog (alegrándome de ser informática como ellos, pero un poco más ingeniosa). No hay novedades. Vaya, parece que todo el mundo tiene trabajo menos yo.

Pues nada, continúo navegando por la red, miro actualizaciones de otros blogs, descubro algún rincón nuevo que me hace gracia, cotilleo y leo varios posts. Mola. Estoy un rato entretenida.

En el reloj corren los minutos y, no sé por qué, me empiezo a dar cuenta de que llevo varios artículos sobre el mismo tema: la edad. Mira tú por dónde, buen tema, con mucha miga, migaja y miguilla.

Total, que en uno de tantos posts devorados por mi mente inquieta, he leído algo así como que aquellas personas que no publicamos nuestro año en las redes sociales somos unas cobardes. Y me ha hecho gracia verlo escrito por alguien que tampoco ponía su edad en el perfil,… ¡ja! y me he inspirado:

¿Por qué no publico mi edad en las redes sociales?

  1. Porque quiero ver cuántos de mis chorrocientos ‘amigos’ se acuerdan o saben de verdad cuántos años tengo al ver lo de ‘hoy es el cumpleaños de…’ en sus avisos.
  2. Porque ya estoy más cerca de la menopausia que de mi primera regla y los recién agregados a mi lista de ‘prohibidos’ no tienen por qué saberlo. 
  3. Porque hace años que peino canas pero no se nota. Adoro a mi peluquero.
  4. Porque me complace tener ‘Taytantos’ y que me sigan echando ‘Veintitantos’. Mmme guSHtaaa.
  5. Vamos, porque no me da la gana, básicamente.
Eso sí, aunque no desclasifique mis 2 dígitos en Wikileaks, me enorgullece estar hablando con alguien que sé que me cree más joven, y a la pregunta: ¿cuántos años tienes? Poder contestar: “pues tengo TAYTANTOS, y los he vivido todos y cada uno de ellos” - mientras veo su cara de sorpresa. Es una grata sensación.

Y ya me pueden llamar cobarde. I really don’t mind. Seguiré haciendo lo mismo mientras pueda. Simplemente porque me divierte. Bueno y, no nos engañemos, también porque me sube la moral, coño. ¡Que yo sí que noto cómo me pasan factura los años!


jueves, 13 de enero de 2011

Epic Fail

Acabo de ver esta promo :


Y automáticamente he pensado en lo que le va a gustar a la viuda y a la família de Benjamín Olalla.

EPIC FAIL para Quatro.

¿Improvisando? ¡Los cojones!

Ayer ví por la tv este vídeo y, aunque no era la primera vez, resulta que me fijé que nuestro queridísimo Francisco, Paco para los coleguitas, aparte de sus muchas cualidades como dictador y mejor persona, ¡también era ventrílocuo!


Si es que el saber no ocupa lugar,...

miércoles, 12 de enero de 2011

Momentos


Un buen momento que ya pasó. 



¿Cuántos instantes olvidamos?


¿Cuántos perdemos?



¡Tempus fugit!



Carpe diem,...


...et noctem.

Mente divergente

En Cuánta Razón han colgado esta imagen:


Bien, pues yo he comentado lo que la mayoría habrá pensado:

<< Corrección: "Nivel: BastardA", ¿apostamos? ;) >>

¿Resultado? Mis puntos votados por otros lectores/as: 14 positivos, 36 negativos. (Nota media: 2,8) - de momento.

Hacía mucho que no suspendía en nada.

Qué poco sentido del humor.

Soy una almeja al natural

Hoy me he levantado sin prisas, o sea, a la hora del despertador + 2 snooze. Bien.

He hecho mi ruta matutina: lavabo (pipí) => cocina (café) => sofá (Els Matins a TV3). Porque, en este caso, el orden de los factores sí que alteraría el producto. Uis, y de qué manera; no quiero ni imaginarlo.

Después de ver ‘El temps’ (imprescindible si vives pegada a una moto), me activo, levanto el pandero del sofá, luchando estoicamente contra la supina pereza que me invade de repente, y consigo arrastrarme lastimosamente hasta la ducha.

[Qué bien sienta la agüita caliente, con el frío que hace en este santo piso por las mañanas,...]

Salgo de la ducha, me envuelvo la melena chorreante con la toalla y miro el reloj de la columna: ¡Coño! ¡Ya son las 08:25h! ¡Mierda, he viajado en el tiempo!

[Tengo devolver el condensador de fluzo por defectuoso.]

Me visto bajo presión: pantalón negro de pinzas, jersey de marca y botas a conjunto con el cinturón. Monísima de la muerte.

Repaso rápido en el espejo: ¡el pelo! Vale, me quito la toalla, no me da tiempo a secármelo, así que me lo desenredo rápido con el cepillo y me pongo una pinza.

Segundo repaso fugaz en el espejo: ahora sí, perfecto – excepto ese pelo mojado y ondulado con forma QueNiFuNiFa - pero no da tiempo a más, así que decido que mi alter ego pijo/sobrio/estirado ya está listo para ir a trabajar.

[Es una emergencia.]

En cero coma, cierro el portátil, lo meto en la mochila. Me pongo la chaqueta, cojo el casco - con los guantes dentro - y arreando, que es gerundio.

Llego al parking echando el hígado por la boca. Quito la pinza, arranco la moto, me acabo de cerrar la chaqueta, me subo la braga (la del cuello, de motorista, vamos), casco y guantes.

[Venga, nena, vamos derechitas al trabajo, sin despistes, como un rayo. Hoy no existen ni carriles bus, ni continuas, ni el color ámbar. Tira.]

Y llegamos. Sanas y lozanas. La aparco donde siempre,… mal (ejem, encima de la cera, ejem), pongo la pinza y pego un par de zancadas hacia la puerta cuando ¡Plas! Tropezón con un comercial. Total, típicos 2 segundos jugando a ver quién pasa por dónde. Ridículo. Al final, opto por táctica Chuck Norris: placaje con el hombro (aprovechando que llevo la chaqueta con protecciones) acompañado de un ‘¡Ostras, perdona, perdona!’ y consigo entrar al edificio.

[¡Quiero fichar!]

Finalmente, llego a las escaleras y las subo de 2 en 2 (porque a 3 no me llegan las piernas, que soy tamaño estándar) hasta la 1ª planta, donde está la dichosa maquinita de fichar con la huella dactilar más próxima; y cuando, con toda mi inercia de la escalada, estoy asomando la cabeza en el rellano,… ¡Plas! Segundo tropezón de la mañana, pero esta vez con un cliente (menuda suerte la mía) y en modo casco vs. cabeza. Vamos, que he creído que lo había matado. Pero no (¿lástima?). Total, que le pido mil disculpas, me quito el casco, me muestro tremendamente afligida por semejante encontronazo en desigualdad de condiciones y él, muy amable hasta ese momento, me dice algo así como: No te preocupes, no pasa nada mujer, no ha sido nada. Oye, por cierto, ¿has ido a la peluquería? Te queda bien el pelo así.

[¡Plof! ¿Comorrr? ¿Que me tiro una hora arreglándome el pelo cada vez que me ducho, y hoy que no lo he hecho y voy como la versión femenina del Rey León, resulta que ‘me queda bien’? ¡Esto es intolerable! ¿A que vuelvo a ponerme el casco y acabo la faena? No puedo, no puedo. Es un cliente, es un cliente. - me repito mientras apago la furia tensa de mis ojos.]

Bajo la mirada, no sea que se me note demasiado, y respondo con un ocurrentísimo MeHasPilladoFueraDeJuego: no, mira, es que hoy me lo he dejado (con media sonrisa forzada de regalo, que son rebajas) ehmmm,... al natural.

[Ilustre señor cliente, pesao y zoofílico,… ¡quiero fichar!]

¡Anda, como las almejas! – me dice el muy chistoso, gracioso y poco listo cliente de los cojones.

[Vale, ya se me han hinchado los ovarios; por no decir la almeja, ya que estamos.]

Oiga, disculpe, pero algunos tenemos que trabajar – suelto como un papel de lija del 30.

[Y éste ha sido el fin de la conversación. Obvio.]

Y ficho (¡por fin!) mientras el degenerado tipo listo se baja con el ascensor, devolviéndome la media sonrisa rancia forzada de hace un momento.

[Display de la máquina de los marcajes: 08:55h.]

Estupendo: encima podía haber tardado 5 minutos más y ahorrarme al señor “meGustanLasAlmejasAlNatural”.

martes, 11 de enero de 2011

Permanente, general y verificable

Yo es que siempre he sido un poco incrédula.

Adaptarse o morir

Vaya por DIOR, resulta que parece ser que se acabaron las clásicas quedadas con los amigos en el bar; ahora se ve que el smirting (smoking + flirting) es la nueva modalidad reina para relacionarse con la peña. Pues nada, a partir de ahora : nos vemos FUERA de los bares
[Es que me gusta ser una chica IN]

Versos de perra (con mis mejores deseos)

Me ha llegado una buena noticia,
que, inicialmente, recibí cual inocente novicia:
una pareja de amigos
emprenden juntos un nuevo camino.

¡Qué alegría, qué alboroto: un perrito piloto!

Entonces he recordado
algunas cosas de mi pasado;
que no es que hubiera olvidado,
sino que las había aparcado.

¡Qué alegría, qué alboroto: un perrito piloto!

De lo malo, lo peor:
lavar sus calzoncillos, ¡un horror!
Discutirse por la tapa del inodoro,
o tropezarse con sus calcetines, ¡menudo tesoro!

¡Qué alegría, qué alboroto: un perrito piloto!

De lo bueno, lo mejorcito:
¡esas mañanas de domingo sin salir del nidito!
O esos momentos de tranquilidad,
con una buena peli, mantita y sofá.

¡Qué alegría, qué alboroto: me alegro mucho por vosotros!


viernes, 7 de enero de 2011

Necesito un bolso más grande

Esta mañana me he dado cuenta de que ya no me caben en el bolso todos los elementos imprescindibles para pasar un día entero en esta ciudad y sobrevivir a él (y porque creo en Murphy de todas, todas):

  • Llaves: las de mi piso, las de la moto, las de la oficina, las de mi corazón y las de Mi Diario de la 1ª comunión.
  • Las gafas de sol: porque soy una vampiresa y si veo el sol me derrito.
  • El monedero: con tropocientas moneditas para los parkings, zonas azules, verdes o a topos. También llevo billetes para los excesos de velocidad o las multas por aparcar indebidamente, of course.
  • El tarjetero: para las tarjetas de crédito, la del videoclub, la del Corte Inglés, la de Zara, H&M, Mango, Misako, Benetton, Massimo Dutti, Etxart&Panno y el colmado de la esquina, la de socia del karting, la del Club Ducati, la del Club Nokia, la del Club de los Poetas Muertos, la del Club de la Lucha, las de visita personales, las de visita del trabajo, las de visitas alienígenas, el calendario de bolsillo que me regalaron en el súper, el calendario de los bomberos,… en fin, para todo lo demás, MasterCard.
  • El móvil: porque ya no sé vivir sin él. Además ahora tengo Güiquipedia, Gúguel Maps, el tiempo, Feisbuc y RedTube. Vamos, como el aire para respirar. Yo le dedicaría un ‘tu me completas’ como en Jerry Maguire.
  • El tabaco y los mecheros (varios): porque hay mucho ladronzuelo suelto, sobretodo mis amigos. Además, por si me pide fuego el ‘Borja Mari’ de mi vida y me prejubila, también llevo una cajita de cerillas. Que nunca me falte llama, por favor.
  • Una copia de la ley  Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco (ya podéis respirar). Por si alguien me toca los ovarios sin razón, poderle hacer un ¡Zas! en toa la boca.
  • Los condones: en cajita (para evitar accidentes) pack de 3, porque, en este caso, nunca son multitud. Más vale que sobre que no que falte.
  • El kit de maquillaje básico universal: porque una ya tiene esa edad en la que el antiojeras es un 'must' pero todavía no tiramos del Titanlux con brocha gorda. Tiempo al tiempo.
  • La crema hidratante: una para la cara, otra para el cuerpo y otra para las manos. Cada oveja con su pareja.
  • La pinza quitaPelosUnoAUno: para momentos importantes y pelos inoportunos. Nunca se sabe. También sirve para quitar tarjetas encalladas en la ranura de un cajero, por ejemplo.
  • Pintauñas oscuro: para unas manos perfectas y,… para marcar el STOP a las carreras en las medias (uno de estos conocimientos ancestrales de nuestras abuelas, heredado de generación en generación).
  • Los tampax: para mí y/o para mis amigas. Porque siempre hay alguna que no lleva. Las compresas - aladas o terrenales - pasaron a la historia y todavía no necesitamos Teena Lady para las pérdidas de orina. Al menos de momento. Todo llegará.
  • Los kleenex: para cuando lloras de risa y se te corre el rímel, o de pena y se te corre el rímel, o no hay papel en el baño de la disco (lleves rímel o no), vamos con utilidades mil.
  • El cepillo del pelo plegable: porque entre el viento, el casco y demás inclemencias, mi melena se lía como Marisa Naranjo en las campanadas del ’89.
  • La linterna a dinamo (sin pilas, qué liSHta que soy, primo LaRy): es que, desde que ví [Rec], me cago patas pabajo cada vez que en mi escalera se va la luz, oye, no sea que me estén esperando los zombies, muertos de hambre, en el siguiente rellano.
  • Un bote de spray antiviolador: ilegal, lo sé, pero si salva mi virginidad, la verdad, es que me da igual. Aunque éste sí que espero no usarlo nunca, con lo que me gusta a mí estrenar cosas, mira, haría una excepción.



Y ahora, la pregunta que me asalta es ¿cómo demonios se lo montan los hombres? 

Juego de consolación II

miércoles, 5 de enero de 2011

Que no me toquen la pepitilla

Entre dimes y diretes, llevo varios días debatiendo la puta ‘Ley antitabaco’. Por escrito y en persona. Estoy cansada de aguantar burlas y comentarios de personas en plan ‘hemos ganado’.

A ver, señoras y señores, esto no es una guerra. Les guste o no, son 2 realidades que deben coexistir en un mismo universo (al menos hasta que me pongan un ascensor a un agujero de gusano directo a otra dimensión, a la cuál me iré gustosa sin ustedes).

¡ Joder, que sólo soy fumadora !

Al menos si fuera …

Belén Esteban/Yola Berrocal/Leire Pajín/Esperanza Aguirre
o una testigo de Jehová/musulmana/protestante y del Opus Dei
o una negra/mora/paki/china/rumana/machupichu de mierda
o una heterosexual/transexual/gay/bisexual/lesbiana viciosa asquerosa
o una desgraciada minusválida física/psíquica
o una sidosa/leprosa/yonqui roñosa y apestosa
o una mossa d'esquadra/funcionaria vaga y amargada
o una orgullosa no fumadora nazi 
o todo junto y encima catalana (complicado, lo sé, pero los caminos del Señor son inexcrutables)

… lo entendería.

¿O tampoco?

RESPETO. TOLERANCIA. CONVIVENCIA. COMPRENSIÓN. AYUDA.

Vive y deja vivir.

(Y ya no discuto más sobre el tema. C'est fini.)

martes, 4 de enero de 2011

Palabras,… ¿relacionadas?

El colmo, mientras escuchaba Suicide Commando a toda leche, he leído un post que me ha hecho venir todo esto a borbotones :

Acariciar
Amar
Apretar
Arañar
Atar
Besar
Ceder
Chupar
Complacer
Cuidar
Descargar
Desear
Deslizar
Disfrutar
Divertirse
Dolor
Dominar
Estirar
Explotar
Flipar
Gozar
Gustar
Innovar
Investigar
Lamer
Luchar
Luz
Marcar
Mimar
Mirar
Misterio
Morder
Nada
Olvidar
Oscuridad
Placer
Probar
Rendirse
Respirar
Sensualidad
Sentir
Someter
Sudar
Tocar
Todo

(Lo he ordenado por orden alfabético para camuflar mi progresión mental, claro.)

Bufff, está claro que no he leído ‘el tiempo’ en La Vanguardia, ¿no?

Juego de consolación


lunes, 3 de enero de 2011

Pecadora y delincuente

10:05h. Es la hora a la que he llegado al trabajo el 1er día laborable del año. Otra falta leve. Suerte que da igual si te pasas de 5 o de 65 minutos. Genial, qué bien estoy empezando el 2011. Quién me lo hubiera dicho en nochevieja, con lo bien que me lo pasé. Ya ves.

Conecto el portátil a la dock, abro el correo, reviso agenda de reuniones, miro temas pendientes,… Lo de siempre.

Después de un rato, bajo a tomar un café con una amiga. Sólo café. Porque el cigarro me toca en la puta calle, con un frío que pela. Que me jodan. Por fumadora de mierda. Si es que no me merezco vivir. Ya lo digo yo. ¡Eh! Que los presos y los locos pueden fumar, pero yo, una resignada curranta del montón no me lo merezco. Lógico.

En fin, que volvemos del café y me enciendo el cigarro de camino. Qué remedio. Mi amiga sube mientras yo me espero a acabarme el pitillo en la puerta del trabajo, al ladito del cenicero que, muy amablemente, mi empresa me ha dejado en la puerta del parking por donde salen los coches de los jefazos. Gracias, gracias. No merezco menos.

Entonces pasa por delante una señora, con las alpargatas rosas floreadas de estar por casa y la bolsa del súper. Me mira mal. La desafío con la mirada los 5 segundos que está andando delante de mí. Qué lenta, por favor. Aparta la mirada y sigue caminando. Bien, he ganado.

Pego otra calada. Ahora pasa un señor también mayor (cómo odio a los jubilados los días laborables) y también me mira mal. Hago lo mismo y le miro fijamente; se para enfrente y me dice: ¿niña, sabes que no se puede fumar a menos de 50 metros de un hospital? 

[Nota: ciertamente, en la esquina hay uno,
pero, hoy precisamente,
he salido de casa sin el metro de medir,
fíjate tú,
aunque veo que lo tendré que añadir
al 'kit de supervivencia' del bolso,
junto a los tampax.]

Momento de autocontrol: no lo mates, no lo mates - me repito. Mientras le digo: pues caballero, además de delincuente debe saber usted que soy una pecadora y arderé en el infierno, pero gracias por avisarme  (y he pegado otra calada). 

Total que, después de que casi se le salieran los ojos de las órbitas ante semejante desfachatez, ha seguido renegando mientras retomaba el paso alejándose de la vil conciudadana despiadada - y que habría que matar apedreada - que, por lo visto, debo ser yo.

Y, la verdad, es que no me siento culpable. Le hubiera apagado el cigarro entre ceja y ceja y no lo he hecho, así que tan mala no soy; aunque a veces lo desearía. En definitiva, si repaso los 10 mandamientos, creo que ya los he violado todos (y no soy la única, seguro, segurísimo), por lo que, no tengo necesidad de añadir a un octogenario cascarrabias, innecesariamente, a mi colección de cadáveres y otras piezas y vivencias bizarras de valor incalculable.

Así que, recordad, amig@s:

1-      Amarás a Dios sobre todas las cosas. Nada de parejas. Solos toda la vida.
2-      No tomarás el nombre de Dios en vano. A partir de ahora, debe decirse ‘me cago en DIOR’, que queda más cool.
3-      Santificarás el día del Señor. Si sabes que día es ese, claro.
4-      Honrarás a tu padre y a tu madre. Y les tirarás pétalos de flores al caminar.
5-      No matarás. Los insectos (y las tortugas; eso va por mí, pobrecita Carolina, que la dejé friéndose boca arriba al sol en pleno Agosto) también cuentan. Así que somos todos unos killers
6-      No cometerás actos impuros. Éste es bueno: ja, ja, ja.
7-      No robarás. Que se lo digan a ElCorteInglés.
8-      No levantarás falsos testimonios ni mentirás. Señoras, empezando por la edad o el peso y, señores, que 20 cm no son taaaaan grandes.
9-      No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Nooo. Nada, nada. Que la cabeza es solo para peinarse.
10-  No codiciarás los bienes ajenos. Ni el coche del vecino, ni las tetas de la vecina.

Amén.

PD: por si aca, yo ya me he reservado asiento para arder en el averno junto al Papa, que me hace especial gracia 'divina'.

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