jueves, 20 de enero de 2011

Cabeza de chorlito


El Sr. Sapo (por sus ojos saltones) encorsetado en un traje de verano en pleno invierno – bien - introduce el tema: que si todo va bien, que si es gracias al esfuerzo de todos nosotros, que si blablabla.

Mientras, los oyentes pensamos al unísono “pues yo no me he enterado de nada en la subida de sueldo”.  Aunque, me da a mí, que a éste lo que piense el vulgo se la trae al pairo. Viviendo en el despacho de Dios, debe ser él. Digo yo. Ajeno a lo terrenal.

[Qué pena no poder transmitir telepáticamente las ideas ni expulsar rayos AlfaBetaGammaCatódicosApostódicosYRomanos, además de mortales, por los ojos.]

Cuando acaba sus elocuentes frases inconexas en un castellano lamentable, falto de vocabulario y repleto de catalanadas mal traducidas, entra en escena el Sr. Gafitas Estirado.

El susodicho espécimen subhumano, vestido de pingüino, me está mirando. Estoy en la esquina de la segunda fila. No quiero perderme detalle.

¿Lo de este tío es normal? – me pregunto mentalmente mientras intento no cambiar mi expresión facial.

Está soltando un rollo que no se lo cree ni él ni nadie. Pero lo está soltando de todos modos. ¿Lo habrá ensayado con el espejo? – sigo con mi tanda de cuestiones cuestionables interiormente interiorizadas.

[Increíbleble.]

El personaje se pone de pie y comienza a caminar de un lado a otro de la sala, contando esa milonga que pretende que nos traguemos.

Digo yo, que luego vendrá el rollo de las cigüeñas también. Me subleva que me traten como si fuera idiota. Y éste recauchutado en un traje de Armani lo está haciendo.

Además, como que es SuperMasterDelUniverso, no puedo interrumpirlo para mandarlo a hacer fotocopias – suponiendo que supiera - y que deje de decir sandeces de una vez.

Tengo miedo de pegar el cante porque creo que se me van a caer las orejas ante tanta mentira junta. Estoy sufriendo en silencio, como las almorranas.

[Me aburrooooo. ¿Falta mucho?]

Entre tanto despropósito, he apuntado algo en mi libreta, subrayado, con asteriscos y entre exclamaciones. Porque me parece una auténtica aberración lo que está diciendo y me ha llamado la atención. Merece la pena anotarlo para poderlo recordar después.

Y sigue hablando. Pero ya no escucho. Hace rato que estoy imaginando formas de matarlo.

Llega el momento de ‘Ruegos y preguntas’. Yo rogaría que me dejaran de tratar como si fuera gilipollas y preguntaría "Disculpe, ¿usted le sopla al gazpacho, verdad?" (es que soy muy educada, cuando quiero).

Pero me callo. Aprieto los dientes y sigo sufriendo en silencio. No vaya a ser que abra la boca y me cuente una de indios y vaqueros, otra vez.

Como que nunca nadie dice nada, nos echan elegantemente de la sala con un ‘pues podemos dar por concluida esta sesión’. ¡Qué sublime educación y savoir faire! Faltaría plus.

Por fin.

[¿Cuánto debe cobrar?]

Joder, tengo que dejar de ir a estas reuniones de borregos.

Me agrian la leche.


4 comentarios:

  1. yo soy autónoma y mira que estamos mal... pero por otra parte me alegro de ser mi propia jefa... aunque tambien aveces me escucho y me doy pena....

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  2. Pues a mi ese señor me ha caído bien...el del traje de verano. Era bañador, bikini o trikini?
    Imaginatelo así y verás como se te pasa!

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  3. Jojojo, vale, lo imaginaré con un sugerente y 'sepsi' trikini la próxima vez! Asias! XD

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