miércoles, 12 de enero de 2011

Soy una almeja al natural

Hoy me he levantado sin prisas, o sea, a la hora del despertador + 2 snooze. Bien.

He hecho mi ruta matutina: lavabo (pipí) => cocina (café) => sofá (Els Matins a TV3). Porque, en este caso, el orden de los factores sí que alteraría el producto. Uis, y de qué manera; no quiero ni imaginarlo.

Después de ver ‘El temps’ (imprescindible si vives pegada a una moto), me activo, levanto el pandero del sofá, luchando estoicamente contra la supina pereza que me invade de repente, y consigo arrastrarme lastimosamente hasta la ducha.

[Qué bien sienta la agüita caliente, con el frío que hace en este santo piso por las mañanas,...]

Salgo de la ducha, me envuelvo la melena chorreante con la toalla y miro el reloj de la columna: ¡Coño! ¡Ya son las 08:25h! ¡Mierda, he viajado en el tiempo!

[Tengo devolver el condensador de fluzo por defectuoso.]

Me visto bajo presión: pantalón negro de pinzas, jersey de marca y botas a conjunto con el cinturón. Monísima de la muerte.

Repaso rápido en el espejo: ¡el pelo! Vale, me quito la toalla, no me da tiempo a secármelo, así que me lo desenredo rápido con el cepillo y me pongo una pinza.

Segundo repaso fugaz en el espejo: ahora sí, perfecto – excepto ese pelo mojado y ondulado con forma QueNiFuNiFa - pero no da tiempo a más, así que decido que mi alter ego pijo/sobrio/estirado ya está listo para ir a trabajar.

[Es una emergencia.]

En cero coma, cierro el portátil, lo meto en la mochila. Me pongo la chaqueta, cojo el casco - con los guantes dentro - y arreando, que es gerundio.

Llego al parking echando el hígado por la boca. Quito la pinza, arranco la moto, me acabo de cerrar la chaqueta, me subo la braga (la del cuello, de motorista, vamos), casco y guantes.

[Venga, nena, vamos derechitas al trabajo, sin despistes, como un rayo. Hoy no existen ni carriles bus, ni continuas, ni el color ámbar. Tira.]

Y llegamos. Sanas y lozanas. La aparco donde siempre,… mal (ejem, encima de la cera, ejem), pongo la pinza y pego un par de zancadas hacia la puerta cuando ¡Plas! Tropezón con un comercial. Total, típicos 2 segundos jugando a ver quién pasa por dónde. Ridículo. Al final, opto por táctica Chuck Norris: placaje con el hombro (aprovechando que llevo la chaqueta con protecciones) acompañado de un ‘¡Ostras, perdona, perdona!’ y consigo entrar al edificio.

[¡Quiero fichar!]

Finalmente, llego a las escaleras y las subo de 2 en 2 (porque a 3 no me llegan las piernas, que soy tamaño estándar) hasta la 1ª planta, donde está la dichosa maquinita de fichar con la huella dactilar más próxima; y cuando, con toda mi inercia de la escalada, estoy asomando la cabeza en el rellano,… ¡Plas! Segundo tropezón de la mañana, pero esta vez con un cliente (menuda suerte la mía) y en modo casco vs. cabeza. Vamos, que he creído que lo había matado. Pero no (¿lástima?). Total, que le pido mil disculpas, me quito el casco, me muestro tremendamente afligida por semejante encontronazo en desigualdad de condiciones y él, muy amable hasta ese momento, me dice algo así como: No te preocupes, no pasa nada mujer, no ha sido nada. Oye, por cierto, ¿has ido a la peluquería? Te queda bien el pelo así.

[¡Plof! ¿Comorrr? ¿Que me tiro una hora arreglándome el pelo cada vez que me ducho, y hoy que no lo he hecho y voy como la versión femenina del Rey León, resulta que ‘me queda bien’? ¡Esto es intolerable! ¿A que vuelvo a ponerme el casco y acabo la faena? No puedo, no puedo. Es un cliente, es un cliente. - me repito mientras apago la furia tensa de mis ojos.]

Bajo la mirada, no sea que se me note demasiado, y respondo con un ocurrentísimo MeHasPilladoFueraDeJuego: no, mira, es que hoy me lo he dejado (con media sonrisa forzada de regalo, que son rebajas) ehmmm,... al natural.

[Ilustre señor cliente, pesao y zoofílico,… ¡quiero fichar!]

¡Anda, como las almejas! – me dice el muy chistoso, gracioso y poco listo cliente de los cojones.

[Vale, ya se me han hinchado los ovarios; por no decir la almeja, ya que estamos.]

Oiga, disculpe, pero algunos tenemos que trabajar – suelto como un papel de lija del 30.

[Y éste ha sido el fin de la conversación. Obvio.]

Y ficho (¡por fin!) mientras el degenerado tipo listo se baja con el ascensor, devolviéndome la media sonrisa rancia forzada de hace un momento.

[Display de la máquina de los marcajes: 08:55h.]

Estupendo: encima podía haber tardado 5 minutos más y ahorrarme al señor “meGustanLasAlmejasAlNatural”.

4 comentarios:

  1. rancia, coño! Si a lo leonil esta tremebunda. Encima que la pobre subpersona no hace mas que constatar un hecho...

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  2. Vale, aceptamos 'rancia' como adjetivo (des)calificativo de mi (sub)personalidad ;)

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  3. A mi me habría pasado algo parecido porque me ponen frenética los lentos y los que hacen perder tiempo cuando tienes prisa. Es como cuando vas andando a un ritmo rápido por una acera y de repente te frena una gorda a la que no hay manera de sortear ... de los nervios me pongo.
    Ná, a partir de ahora duerme un poquito más y sales con el pelazo al viento, que eso de que te llamen almeja, lo vale ;-)

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  4. Ya te digo. Seré un ejemplo de naturalidad para las almejas del mundo. Suéltate el pelooo oh oh ohhhhhhhh ;)

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