miércoles, 16 de febrero de 2011

La sonrisa extraviada

Susurro Kane tenía un gato. Erredos. Negro azabache, de pelo largo, nariz muy chata y ojos brillantes. De carácter arisco e independiente. Hacían una buena pareja. Se parecían. Al caer la noche paseaban juntos por la ciudad.

Una mañana de abril, Susurro despertó con los primeros rayos de sol que entraron por su ventana. Era temprano. Tenía una resaca de mil demonios. La noche anterior había salido a beber. Sola, en la barra de un bar. Se le habían acercado un par de hombres. Siempre le pasaba lo mismo. Solo era cuestión de los 15 primeros segundos y se marchaban con el rabo entre las piernas. Que una chica esté sola no significa que quiera compañía. Y ella sabía ser muy borde cuando se lo proponía.

Erredos, inmóvil en la esquina más oscura de la habitación la contemplaba mientras ella se desperezaba enredándose entre las sábanas y perdiéndose cinco minutos más, solo cinco minutos más,… Y así pasaron las horas. Tic, tac, tic tac. Hacía mucho que no soñaba, aunque su cabeza no parara de pensar en historias, de imaginar leyendas, de crear mundos.

Y volvió a oscurecer. Cayó la luna. Cuarto menguante. Igual que la habitación. Cada vez más pequeña. Tenía que salir de allí.

En su infancia había deambulado de orfanato en orfanato, de familia en familia. Sintiendo que nunca encajaba. Siempre incomprendida y permanentemente castigada dentro de un armario. Por eso siempre hablaba con un fino hilo de voz; por eso la llamaban Susurro; por eso no soportaba los sitios cerrados. Tenía que salir de allí. Tenía que salir de allí. Tenía que salir de allí.

Débilmente, y todavía azotada por un sinfín de tambores repicando en sus sienes en estéreo, Susurro se levantó y se dirigió hacia la puerta. Una brisa suave la siguió haciendo bailar a las llaves colgadas en la pared.

Era una chica triste, solitaria, sin amigos. Solamente tenía a Erredos de compañía. Suficiente. Su ciudad estaba llena de gente, pero apenas había personas. Todo era ruido y prisas. Ella odiaba el bullicio. Por eso vivía en las afueras, al lado del cementerio. Por eso estudiaba por Internet y trabajaba desde casa. Por eso apreciaba sus caminatas nocturnas entre los muertos.

El gato oyó el suave tintineo del metal del llavero y, con un grácil salto, bajó de la cómoda para contonearse elegantemente por el pasillo de aquél viejo piso alquilado y decrépito en el que le había metido su dueña. Y la esperó en la puerta.

Salieron los dos sin rumbo. Como cada noche. Como siempre.

El diminuto arroyo que cruzaba el cementerio se oía de fondo. Caía el agua entre las piedras del camino que a lo lejos se perdía entre las ramas de los pinos invasores y las espesas zarzas que parecían crecer a cada segundo.

De día era un camposanto precioso. Se dibujaba por la ladera de la montaña vestido de un verde cálido y radiante, en contraste con las frías salpicaduras de piedra y mármol que eran las tumbas.

Erredos jugueteaba con todo lo que encontraba a su paso en el camino. Susurro le seguía con su lánguido caminar. Sin ninguna prisa. Sin ningún destino.

Llegaron a la zona más alta. En ella se alzaba majestuoso un gran panteón mortuorio. De una de esas familias adineradas de tradición centenaria. Con una gran reja negra y un arcángel guerrero blandiendo su espada apuntando hacia el cielo y mirando con ojos de furia a lo lejos.

Y allí se sentó. En la fría piedra de los escalones que daban paso a la gran sala que podía imaginarse en el interior. Erredos se sentó a su lado, extrañamente dócil.

Y vieron, justo enfrente del monumento póstumo a la codicia en el que estaban aposentados, una pequeña cruz hecha con maderos viejos atados con un trozo de cuerda deshilachada. De ella colgaba un cartel de cartón, cuyas letras apenas se distinguían tras haber sido borradas por la última tormenta. Pero vagamente aún podía entre leerse algo: 

Su…ur…o  Ka…e

Y, por primera vez en su vida, sonrió,… mientras se deslizaba por su mejilla una lágrima de paz.

5 comentarios:

  1. Bubo, me alegro de que te haya gustado. A veces hay música que me hace imaginar historias,...

    BestialInvasor, thanx! Put the blame on Écailles de Lune, great LP ;)

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  2. mmmmmh, cómo me gustaría un gato con el que se pudiera pasear ... con la mía desde luego habría sido imposssssible. Y cómo me gushta también el rollo gótico ... y cómo me gusta Alcest (gracias, no los conocía)

    Pero -disculpa mi lerdez, toy espesa- no entiendo el final ... ¿estaba muerta? ¿o de parranda?

    ;-)

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  3. Salamandra, me alegro de que te haya gustado la música !!! ;D

    Y no estaba muerta, que no! Y no estaba muerta, que no! Y no estaba muerta, que no! Lerele lelere le leré !
    XD

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