martes, 15 de marzo de 2011

A solas

Mario llega a casa después de un duro día de trabajo en la oficina. Es broker y está pasando una mala época. Entre lo de oriente medio y ahora lo de Japón, los días bursátiles son complicados.

Se estira en el sofá, cansado. Se quita los zapatos con los pies. Los deja tal cuál caen al suelo. Levanta la tapa del mueble bar que está justo al lado de la butaca y se sirve una copa de Jameson.

Hoy ha sido un día complicado. Ha discutido con los jefes en la reunión del comité. Un cliente ha perdido millones de dólares. Se ha pasado todo el día haciendo previsiones, revisando los modelos y leyendo los periódicos intentando adivinar el futuro de los mercados de divisas. Agotador.

Se enciende un cigarro. Hace tiempo que dejó de fumar, pero, de vez en cuando, se permite el lujo de unas caladas. Y hoy se lo pide el cuerpo y la mente. Como en los viejos tiempos.

Coje el mando de la minicadena y se pone un poco de música. El reproductor mural de CDs que preside una de las paredes de su ático es ese Bang&Olufsen con el que todos hemos soñado pero que pocos pueden permitirse.

A Mario, en general, la vida le ha sonreído y no puede quejarse. Elige el tercer disco de los seis que tiene cargados en el aparato/escultura. Ahora le apetece escuchar el Inception de Hans Zimmer, concretamente ésta canción:


Mientras se está relajando con Dream is Collapsing, por fin, unas cálidas manos le acarician el pelo por la espalda. Mario no vive solo.

Le encanta que le remuevan el pelo, y luego bajen por el cuello. Suavemente, como lo están haciendo en este momento. Sonríe. Le gusta. Las manos continúan hacia el pecho. Un botón, otro botón,... hasta que la camisa se abre casi sin ayuda.

En el piso hace un calor muy agradable, aunque por el gran ventanal que preside la estancia puede verse la rabiosa tormenta que está descargando su ira sobre la ciudad. Hace dos días que llueve sin cesar y el cielo está teñido de un imperturbable gris oscuro. Triste.

Siguen las caricias por su pecho. Cierra los ojos y se deja tocar. Le encanta la sensación que le produce el delicado contacto de las yemas de los dedos contra su piel.

Casi imperceptiblemente, unos labios se acercan a su cuello, puede sentir la respiración muy cerca de su oído. Nota una húmeda lengua recorriendo su lóbulo muy suavemente, apenas rozándolo. Y entonces un susurro lento le dice: te quiero,...

Y él contesta: yo también,... Pablo - y sonríe levemente mientras se gira y sus miradas se pierden juntas durante un par de eternos segundos.

De fondo está sonando Time, que es justo lo que no existe para ellos en este momento:


5 comentarios:

  1. A la historia le viene de perlas Pablo. Pensaba qeu aparecería una María o Marta y te iba a comentar que encajaba un tío. ;)

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  2. Bonito!!! Sí, estoy de acuerdo, ese texto necesitaba de un Pablo.

    M'agrada ;)

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  3. Es que... no es por nada, pero solo los tíos podemos crear ese ambiente de tranquilidad y sosiego que necesitaba el chaval.

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  4. bestialinvasor, vaya, veo que de factor sorpresa ná de ná, snif, snif. Espero que te haya gustado de todos modos.

    Kitty, me'n alegro ;)

    Bubo, claaaro, claaaro,... cuando no os ponéis con la play o con el fuNGol o con el porno, sois un manto de tranquilidad.

    Salamandra, aaaaaasias wapa!

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