miércoles, 13 de febrero de 2013

Mi certificado médico

Pides hora. Te presentas puntual. Te atiende una señora muy amable y te lleva a una habitación blanco nuclear que aún hace eco de lo vacía que está. Allí te espera una chica joven a la que llaman 'psicóloga'. Te dice "buenos días, siéntate aquí" con una profesionalidad pasmosa, se notan los estudios.
 
Delante tuyo hay una pantalla con unos mandos, uno para cada mano. La psicóloga profesional, ejerciendo claramente su labor, te pregunta si estás lista, y cuando asientes, se enciende un jueguecito que te recuerda a los antiguos Arcade de carreras de coches. Tienes que procurar no salirte de los caminitos, uno para cada mano. 3 minutos después, cuando ya empiezas a aburrirte del puto juego, se acaba, así, sin previo aviso y te muestra las estadísticas. Resumen de las mismas: I'm a fucking crack.
 
Luego, la loquera por vocación te lleva a otra habitación, como tarea extracurricular, entiendo, donde está 'la doctora'. Ésta te dice también "buenos dias, siéntate aquí". Empiezo a pensar que me he metido en una secta o algo y que ahora me toca presentarme "buenos días, soy Charlotte [...y soy alcohóli...ah, no, que ese no es uno de mis vicios]".
 
Me siento obedientemente en medio de esta otra habitación lavada con Ariel. Me da una cosita que parece una piruleta. ¡Anda, qué bien, me dan un premio por lo bien que he hecho el juego de las carreras! pienso para mis adentros, pero no, es de plástico y sirve para taparte un ojo mientras con el otro debes leer unas letras pequeñísimas de un poster en la otra punta de la habitación. Pues nada, las leo, con un ojo, con el otro, después de deslumbrarme con un foco (doctora cabrona), del derecho, del revés, vamos, que solo me falta recitar el abecedario. Resumen: tengo unos ojitos,...que espero que alguien me coma el coño.
 
Y nada, 'la doctora' me manda 'al doctor', un señor canoso y con unas manos del tamaño de Constantinopla (todos son así, ¿no?). Para mi mosqueo general, este tío también me dice "buenos dias, siéntate aquí". Yo ya estoy a punto de llamar a la policía, o a mi madre, que sería peor. Tengo miedo.
 
Por suerte, ni me toca. Me pregunta lo de siempre mirando a la pantalla del ordenador mientras teclea a velocidad punta de 2 pulsaciones por minuto con un dedo de cada mano (les deben enseñar así en la facultad). Momento estelar cuando me pregunta mi peso y mi estatura. Soy más alta y más delgada que la última vez, ¡juas! Al levantarme de la silla, piso la báscula, supongo que debe estar rota o algo, porque si no, la debería haber usado, ¿verdad?
 
En fin, me mete en una cabina insonorizada y me dice que me ponga unos cascos. Tengo que dar un golpecito con la mano en la ventanita cada vez que oiga un pitido. Fácil, si tienes al señor licenciado en medicina tocando los botones justo delante de la ventana. Resumen: tengo un oído biónico.
 
Finalmente, 'il doctore' me dice que todo está correcto y me lleva a recepción. La señora muy amable del principio, me dice con una sonrisa de oreja a oreja: son 50 euros.
 
 
 

3 comentarios:

  1. Menos mal que a mí me lo paga la empresa. Yo también he crecido y he adelgazado, jajajaj, y la prueba del oído no me la hacen porque aún no tengo edad...jua!

    1besico!

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  2. Perdonaaaaa??? Que no tienes edad para qué? Para jubilarte será!
    No era revisión de empresa, es para un carnet. Que te quitan por todos lado Fi, son unos chorizos.

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  3. A mi para renovar el carnet, prácticamente, ni me miraron. La psicóloga se encargó de todo, siempre me han dicho que tengo que ir al oculista para hacer una revisión, cosa que hago pero nunca digo que uso gafas para conducir, esta vez me han dicho que veo perfectamente. El juego de arcade me lo enseñó la tipa y me dijo: ¿Quieres probarlo? - Casi mejor no. Siempre me salgo mucho. - Vale, pues ya está. ¡¡¡FLIPÉ!!!

    Y además me salió más barato.

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